—¡No lo sé! Pero, si Carolina me ama, madre, si ella siente algo por mí, ¡No me importa ni todo el dinero del mundo! —exclamó Fred tan seguro de sus palabras
Rachel le miró asustada, tenía miedo de que la abuela fuera capaz de echarlos de la casa, y desterrarlos de la herencia de su marido si Fred no era capaz de obedecer a su orden.
A la mañana siguiente, Carolina y Richard llegaron a la mansión Steele, pues recibieron la petición de la abuela, estaban tan felices y unidos como nunca, se veí