Esa mañana salí a comprar un juego de lencería sexy para darle una gran sorpresa en la noche a Rudolph. Cumplíamos un año más juntos y quería pasar una faena estupenda a su lado, enervarlo, convertirlo un volcán en erupción y que desate toda su furia sobre mí, je je je. Deseaba que se volviera un lobo hambriento y me coma enterita, sin dejar huesito alguno sin roer ni lamer de mi sabrosa anatomía je je je.
Fui a la galería que estaba cerca de mi casa, con mis leggins bien pegaditos, zapati