Me olvidé de Sebastián, al fin y al cabo, él no podía importarme en absoluto. Era una fecha especial para mi marido, yo estaba excitada, quería sorprender a Rudolph y pasarla de maravillas a su lado. Me puse muy hermosa. Me pinté la boca, los ojos, aleoné mi pelo, me puse aretes, anillos, pulseras, me perfumé con ese aroma tan exquisito que le encantaba a mi esposo y arreglé nuestro cuarto, colmándolo de flores y peluches. Hacia las once de la noche, me puse el exquisito baby doll que me había