La primera vez que fui a la playa con Rudolph, me sentí muy tonta y completamente turbada frente a tanta gente que había en la arena disfrutando del mar y de los rayos del Sol. ¿Se imaginan? Mi marido estaba muerto, era un fantasma y estábamos rodeados de cientos de personas aprovechando la frescura de las olas a esa hora del día. Rudolph en cambio estaba entusiasmado de reaparecer en el litoral. Siempre le encantó el mar. Cuando éramos novios solíamos ir en la noches a contemplar la Luna en