Yo me sentía en deuda con Rudolph. No había hecho nada en busca de dar con el asesino de mi marido. Ya no confiaba en Palacios y estaba segura que él había archivado el caso porque no habían evidencias de nada. Después de descartar muchas posibilidades pensé que el único rival nuestro que pudiera haberse vengada de una manera cruel y despiadada, era Tadeus Gibz, un hombre ruin y miserable, al que ya había confrontado antes.
Teníamos mucha rivalidad, además. Después que mataron a Rudolph, hab