Capítulo 24

Cuando dejamos el consultorio del doctor ese, fuimos a tomar un café y comer tostadas en un restaurante cercano.

-¿Y si nosotras somos capaces de ver fantasmas, algo así como clarividentes?-, le pregunté a Alondra mientras mordíamos las deliciosas tostadas untadas con mantequilla haciendo estallar sus esquirlas.

A ella le asustaba mucho todo ese tema de los fantasmas, del más allá, de muertos y esas cosas. No quería volver a encontrarse con Rudolph, tampoco, y le aterraba pensar que había
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