Cuando dejamos el consultorio del doctor ese, fuimos a tomar un café y comer tostadas en un restaurante cercano.
-¿Y si nosotras somos capaces de ver fantasmas, algo así como clarividentes?-, le pregunté a Alondra mientras mordíamos las deliciosas tostadas untadas con mantequilla haciendo estallar sus esquirlas.
A ella le asustaba mucho todo ese tema de los fantasmas, del más allá, de muertos y esas cosas. No quería volver a encontrarse con Rudolph, tampoco, y le aterraba pensar que había