Al poco tiempo, Gaston envió a su secretaria, Judith, para que esté conmigo y me acompañe a toda hora. Él ya me lo había dicho. Me llamó una noche antes. -No me importa lo que pienses o lo que digas o si te gusta o no, pero Judith estará contigo hasta que des a luz y no se moverá de tu lado en ningún momento-, me anunció, aunque en realidad, ordenó. Me dijo que era su secretaria desde hace algunos años, una chica joven, entusiasta, cordial, divertida y responsable y que le tenía muchísima conf