Por las mañanitas, al despertarme le hablaba a los bebés de su padre. Les decía que Rudolph era un hombre maravilloso, muy bueno y divertido y que esperaba que ellos fueron tan lindos como su papás, distendidos y graciosos.
-Su padre era la persona más buena del mundo, él los hubiera querido mucho, los adoraría y jugaría día y noche con ustedes-, les contaba. Les decía que a él le gusta reír mucho y que siempre contaba chistes. -¡¡¡Cómo se hubieran reído meciéndose en las rodillas de su papá