Rudolph me insistió una y otra vez que vaya donde Palacios, pero yo me oponía en forma rotunda, decidida y llorando como una adolescente aterrada. -Si Sebastián te mató y lo capturan tú te irás, desaparecerás para siempre, y yo no quiero que tú te vayas, yo te necesito, eres la alegría de mi vida, te amo mucho como para perderte nuevamente, no podría soportarlo, no, no, no-, le dije sumergida en el llanto, angustiada, con mi carita hundida en mis manos, sintiéndome desvalida y sin protección