Decidí ir, contra lo que realmente deseaba, temblando de miedo, tiritando como una mocosuela temiendo una gran reprimenda, entonces, donde Palacios, el jefe de policía que estaba investigando los crímenes que estaban asolando la ciudad. Lo hice tambaleando, trastabillando, llorando, dubitativa, desconcertada, remolona, cavilando mucho, sin estar convencida, pensando en que quizás estaba equivocada, que al igual que Sebastián muchísimas personas sufrían asma y que entre ellos podría haber un