Palacios me esperaba con el rostro adusto. Se mecía en su silla y tamborileaba su escritorio con un lápiz. Estaba incómodo y malhumorado. Lo veía en sus ojos.
-Los crímenes fueron cometidos por la misma persona. Es un asesino serial-, dijo, al fin, Palacios. Su perorata me pareció una agonía.
-¿Eso qué quiere decir?-, me senté y crucé las piernas. Mordí mi lengüita. Me interesaban y mucho sus pesquisas.
-Es un asesino serial, alguien que mata por el placer de matar y disfruta haciéndolo-,