Fue una semana muy pero muy larga, interminable, tediosa, cansada y de mucho trabajo. Alondra disfrutaba de su luna de miel y el trabajo se me acumuló por completo, tanto que debía multiplicarme y partirme en ocho pedazos para cumplir con todos los clientes que habían firmado contrato con nosotras. Como nunca, todo el mundo quería avisos, publicidad, reportajes, encartes y hasta trípticos. Rudolph me acompañaba en todo momento, dándome aliento y apoyo. -No quiero que te pase nada en estos días