George me esperaba en su consultorio con una gran sonrisa. -Es muy sencillo y no vas a sentir nada, eso sí no hagas locuras je je je-, él también parecía cortado por la misma tijera que mi marido y Watson. Los tres se reían de todo, eran distendidos y me trataban siempre en forma muy paternal que me hacían sentir confiada y entusiasmada a la vez.
-Yo me siento muy bien, como si hubiera el amor en forma intensa-, le confesé riendo coqueta.
-Sí, lo veo en tu cara, Patricia, estás muy relaja