Alondra era la que más sufría por toda esa situación de ser perseguidos por fantasmas, queriendo que los ayudemos, hablarnos o simplemente contarnos sus cuitas y pesares. Fue tal la psicosis que le provocó el poder ver y comunicarse con finados de toda índole, que mi amiga se sumió en un incontrolable pavor. Vio cuadros muy conmovedores, personas muertas que le hablaban de grandes tragedias, de crímenes que convulsionaron al país y asesinatos múltiples que, obviamente, era peor que ser prota