—Alejandra, alzo mi mirada. ¿Quién es él? ¡Qué guapo! Katy se me pega del codo, como haciéndose notar. Aquel adolescente, tal vez unos años mayor que yo, corre hacia mí y me abraza con fuerza. ¿Cómo estás? ¿Qué tal todo? Has crecido bastante. ¿Me extrañaste?, dice. Esto último suena triste, pues sé que mi mirada lo dice todo.
—No, lo siento. No te recuerdo. ¿Quién eres?, pregunto, soltándome de su agarre.
—Soy yo, Michael. ¿Te acuerdas? Con el que jugabas. Estuvimos juntos por un mes. ¿Ya te a