Me desperté algo irritada, por los acontecimientos de la cena no conseguí dormir muy bien así que seguía cansada y con hambre.
Intenté quitarme el brazo de Dante de encima pero me protegía hasta estando dormido. Hice fuerza en su muñeca para levantarla de mi estómago, pero para mi sorpresa, su mano atrapó la mía.
—¿Estás despierto? —dudé en un susurró.
—Lo estoy ahora —murmuró con la voz extremadamente ronca—. ¿Qué pasa? He notado como no has dejado de moverte.
Me di la vuelta entre sus brazos