Ava despertó con un punzante dolor de cabeza. La luz que se filtraba por la ventana no hizo más que agravar su malestar, obligándola a entrecerrar los ojos. Lo único que podía distinguir era la sensación de una presión inusual en su cuerpo, como si estuviera siendo abrazada fuertemente. Sin embargo, eso no era lo más desconcertante. El hecho de que esa presión proviniera de unos brazos que la rodeaban con fuerza, sin querer soltarla, la hizo fruncir el ceño.
Intentó recordar lo que había suce