La brisa marina les dio la bienvenida cuando llegaron a la costa. El aire estaba impregnado de sal y humedad, envolviéndolos en una sensación de paz que contrastaba con el peso en el pecho de Ava. Las olas rompían suavemente contra la orilla, deslizándose sobre la arena con un murmullo constante y relajante. Cada paso que daban, sus pies se hundían en la arena húmeda, absorbiendo la calidez del suelo bajo ellos. No había prisas, no había palabras apresuradas ni necesidad de llenar el silencio c