Isabella llegó temprano a la oficina, como había sido su costumbre en las últimas semanas. La rutina de revisar correos, planificar el día y asegurarse de que todo marchara como debía le ofrecía una sensación de control que necesitaba desesperadamente. Había sido un torbellino de emociones desde que regresó del viaje de negocios, y aunque el trabajo había sido su refugio, no podía evitar que los pensamientos sobre Leonardo y Luca se infiltraran en su mente.
Mientras preparaba su café, se sorpre