114. ¡¿Cuándo vas a madurar, Said?!
El alba despuntaba sobre la ciudad, tiñendo de dorado las calles aún adormecidas. En el interior de la opulenta mansión de Asad, reinaba una atmósfera densa, cargada de tensión y desasosiego.Más de un mes había transcurrido desde la inesperada partida de Irina y Amir, sumiendo a Asad en un mar de incertidumbre y una irritabilidad creciente.
En la amplia sala de estar, Asad y su hijo Said se encontraban envueltos en un áspero intercambio de palabras, cada una de ellas como una daga envenenada qu