Alan Frank no despegaba su mirada en mí. Ya nos encontrábamos sin ropa, no entendía en que momento pasó eso y tan rápido. Abro mi boca cuando siento que sus manos recorren por la parte inferior de mis muslos con delicadas caricias y se detiene sonriendo alegremente en la entrada de mi parte más íntima. En ese momento, mordió su labio inferior, buscó con su mirada mi aprobación para avanzar y deslizó unos de sus pulgares por el pedacito de tela que me cubría. Todo mi cuerpo vibró al compás del p