“No grites.”
La voz está cerca de mi oído, baja, controlada, y la reconozco antes incluso de darme la vuelta.
Lucien Cross.
Su mano se queda firme sobre mi hombro un segundo más, como si se asegurara de que no saldría corriendo, y luego me suelta y da un paso atrás hacia la luz de la luna donde puedo ver su rostro. Calmado. Imperturbable. Como si sacar a una mujer de los arbustos afuera de una reunión secreta fuera solo otro martes cualquiera para él.
“Tú”, exhalo, todo mi cuerpo temblando con