Juan no estaba de buen humor y dio un paso adelante para tirar de su brazo:
—Te acompaño.
Estaba a punto de acercarse a abrazarla, pero el conductor de su propio coche bajó corriendo de repente, sosteniendo el teléfono que acababa de coger, y habló apresuradamente:
—Señor López, acaban de llegar noticias de la señorita Fernández, dice que va a saltar del edificio...
Una frase que hizo que la atmósfera a su alrededor se congelara durante una fracción de segundo.
Lorena le separó la mano con fuerz