Al recibir el disparo por Domenico, Sara había borrado de un plumazo todos sus errores anteriores. Al final, ella era la mayor beneficiada, logrando manipular la situación a su favor y saliendo sin daño alguno. Era imposible no admirar su habilidad.
Juan la llevó hasta la hacienda y la siguió adentro. Al llegar al salón, Lorena se dio cuenta de su presencia.
—¿Por qué no te has ido?
Juan, con los labios apretados, la miró profundamente.
—¿No puedo quedarme?
—Pregúntate a ti mismo, ¿puedes? —Lore