Lorena se quedó un momento absorta en la escena hasta que escuchó la voz de Domenico acercándose desde otro lado.
—La devoción nunca debe cesar. Si mi hija sigue viva, esto le traerá bendiciones. Si no, entonces… que espere por mí. En la próxima vida la cuidaré mejor.
—Así será —respondió Urso mientras Domenico se acercaba.
—Padre.
—Me voy ya, tú quédate a hablar con el maestro.
—De acuerdo.
Urso acompañó a Domenico hasta la salida y luego regresó. Notando que estaban solos, miró en dirección a