Aunque no habían pasado más de unas horas juntos, Lorena podía percibir vagamente que Urso no era el tipo de hombre obsesionado con el poder y las mujeres.
Intentaba ayudarla de verdad.
Solo podía decirse que la majestad de su profesor era demasiado grande.
Urso se rio, sus delgados dedos entrelazados y colocados en su regazo mientras la miraba y le preguntaba: —¿Por qué no le has salpicado con tu propia copa de vino hace un momento?
No la creería si le dijera que no lo había planeado.
Lorena di