Lorena lo dijo y se marchó hacia la sala.
A Juan se le puso la cara blanca y solo sintió un nudo que le obstruía la garganta, helándole la sangre y sin poder decir nada.
Recuperó la cordura al cabo de unos segundos y se fue tranquilamente.
Quería estar cerca de ella pero le tenía miedo.
Le gustaba, pero no tanto como para dejarlo todo por ella.
El sutil tira y afloja que había entre ellos podía fácilmente hacer cosquillas a sus emociones y convertirlo en suelta.
Todavía no la amaba.
Pero