Lorena esperaba fuera a que saliera José.
Fiona se le acercó, con el rostro serio, —¿No dejaste que la tienda guardara la vigilancia? Eso es una prueba.
—No te preocupes, mamá, yo no sería tan tonta. —Lorena sonrió.
Fiona suspiró aliviada y le dio una palmada en el hombro.
Giró la cabeza para mirar a Adriana y a Wanda y dijo con dulzura y amabilidad: —Vuelvan primero, nos ocuparemos aquí. No se preocupen.
Adriana no había querido quedarse a servir.
«La familia Suárez es tan rica que poder