La multitud miró estupefacta la escena, incluso Elena se quedó congelada en su sitio.
Lorena, sin embargo, se sentó perezosamente y dijo con arrogancia: —Déjate de tonterías y vete a pagar.
Juan la miró y sacó una tarjeta negra, entregándosela a la encargada.
La encargada la cogió con las dos manos a toda prisa, aunque le extrañó la relación que había entre ellos.
Julia palideció a un lado y se apresuró a detenerlo, —Juan, ¿por qué sigues enredado con esta mujer? ¿Tienes idea de cómo nos aca