María se encariñó enseguida con el vestido y se moría de ganas de demostrarle su cariño.
María se apartó el pelo de las orejas y dijo amablemente: —Señora, eso no está bien. Lo compraré yo, ¿no le gusta también el otro?
Julia también quería comprar otra pieza para su hija Estela.
Sonrió y dijo: —En mi corazón, María, Estela y tú son iguales. Estela está en Canadá. Tengo suerte de tenerte conmigo durante este tiempo. Te lo daré como regalo de agradecimiento.
Julia trató de encontrar la manera