Lo puso en la lista negra enseguida y no tardó en llegar la llamada de Alberto.
Hizo una pausa, Alberto era uno de los amigos de Juan con el que aún mantenía buenas relaciones.
Descolgó, sólo para que le llegara la voz ronca de Juan:
—Lorena, no tengas prisa en responder a lo que pasa en Internet, ya lo solucionaré.
Lorena se sonrojó y enganchó los labios en una mueca de desprecio:
—¿Es interesante que los ladrones ayuden a detener a los ladrones?
Juan guardó silencio durante segundos: —Mi mamá