El hombre estaba de pie bajo la brisa y la lluvia, la oscuridad de la noche lo envolvía de modo que Lorena no podía verle la cara por el momento.
—Ten cuidado de no resfriarte. —la voz de Juan era baja, como si temiera asustarla.
Lorena frunció un poco el ceño y se quitó la camiseta, tirándosela despreocupadamente por encima del cuerpo.
Sin decir palabra, siguió su camino.
Juan dudó antes de seguirla.
—Lorena, ¿tenemos algún malentendido? Parece que tienes prejuicios contra mí.
«Antes éram