—Bien, no tardará mucho —Polo se ajsutó y la miró con dulzura y cariño mientras presentaba educadamente a la multitud—. Esta es mi mujer. Siento haberla disgustado el otro día, tengo que ir de compras con ella más tarde.
La multitud se limitó a reír, no sorprendida por las palabras de Polo.
Los canadienses de éxito valoraban a la familia por encima de todo.
El rostro de Juan se tornó visiblemente sombrío cuando escuchó a Polo llamar a Lorena su esposa.
Se sentó tranquilamente y en silencio,