La villa era grande y extrañamente laberíntica.
Pero Lorena supuso que la estructura de una mansión de estilo europeo no debía andar muy lejos, así que no se sorprendió.
Bajó tranquilamente las escaleras y vio a una docena de criadas que se ocupaban de sus asuntos.
Les oyó hablar en español.
El pelo le caía en cascada detrás de las orejas, un poco desordenado, pero no podía ocultar su belleza.
Una de las criadas se sobresaltó un poco al verla y se apresuró a saludarla respetuosamente: —Seño