Estela no fue dócil como antes, sino ser un poco de arrogante, miraba a Lorena con orgullo.
Lorena no quería hacerle caso y estaba a punto de irse.
Estela dio un paso delante de ella, —¡Señorita Suárez, no es bienvenida aquí! Mejor que te vayas ahora.
Lorena se rio, frunciendo el ceño, —No fuiste tú quien me invitó y no estás en posición de echarme.
Bajo la luz, la piel de Lorena resplandecía blanca, era tan atractiva.
Estela habló en voz baja: —Lorena, espera. Va a arrepentirte.
—A ver qu