Juan estaba de pie, cubriéndose el estómago, con la cara un poco pálida y la figura alta y recta un poco frágil.
Parecía forzarse a sentirse incómodo.
Lorena arrugó la nariz, sin acabar de creerle.
Pero al mirarle, estaba en muy mal estado, borracho y pálido, con los ojos oscuros como la tinta, y también daba lástima.
Había ido y se había sentado en el sofá, muy cohibido y sin correr a mirar a su alrededor.
Sólo inclinó ligeramente la cabeza para mirarla, como un pequeño animal sin hogar.
Lorena