Lorena contestó y colgó para esperar.
Menos de dos minutos.
El coche de Miguel llegó.
El propio Miguel salió del coche y le abrió la puerta, acariciándole el pelo con movimientos suaves y hablándole en voz baja:
—Vamos, te llevo de vuelta primero.
Lorena sonrió y asintió, luego se agachó y subió al coche.
Y Juan observó desde corta distancia cómo Lorena subía al coche de Miguel.
Las miradas y los movimientos de los dos eran extraordinariamente íntimos y fastidiosos.
El rostro de Juan se enfrió,