Los murmullos comenzaron a sonar, al principio, demasiado bajo para que Dante comprendiera lo que aquellas personas que lo miraban fijamente, estaban diciendo. Cada mirada que se hallaba dentro del gran salón de la antigua casona Morgan, se centró en el desde el instante mismo en que lo vieron entrar. Ferdinand, empujaba la silla de ruedas en donde Dante se hallaba sentado, fingiendo ser el mismo hombre invalido de siempre, mientras sentían ambos las miradas de asombro, lastima o de disgusto qu