Carlos
El viaje en ascensor hacia la suite ejecutiva transcurrió en completo silencio, a excepción del tenue zumbido de la maquinaria. Sofía estaba de pie justo a mi lado, rozando ocasionalmente su hombro con el mío, con sus dedos todavía entrelazados de forma relajada con mi mano. No me aparté. Mantuve mi agarre firme, forzando una expresión relajada y agradable en mi rostro cada vez que los espejos nos devolvían nuestra imagen.
—Hoy estás de un humor sorprendentemente bueno, Carlos —señaló So