Maria Lopez
—¿Por dónde empiezo? —pregunté, con la voz apenas como un susurro. Metí la mano en mi bolso y saqué mi toalla facial, secando el sudor frío que brotaba de mi frente. Sentía que el corazón intentaba salirse de mis costillas a zarpazos.
—Por donde sea —instó Elena, buscándome con la mirada con una intensidad creciente.
Tomé un respiro entrecortado, con los dedos temblorosos mientras doblaba la toalla. —Primero, necesito disculparme. No quería ocultarte esto... no quería arruinar tu g