Mientras Maria regresaba a la cocina para preparar la comida que Diego había exigido, el ambiente en el comedor seguía siendo denso y pesado. Diego no miró a Sofía ni prestó atención al asiento vacío que Carlos acababa de dejar. Caminó hacia el extremo más lejano del restaurante y eligió una mesa situada en la penumbra, lejos de las miradas indiscretas de los pocos clientes que quedaban.
Sacó su teléfono y sus dedos se movieron con una energía frenética y desigual. Abrió el chat encriptado y en