María López
La pesada puerta de roble de la mansión se cerró tras de mí con un clic, y el sonido resonó como el golpe de un mazo. Salí al aire de la mañana; mis pulmones ardían por una mezcla de adrenalina residual y la humedad propia de las primeras horas. Miré alrededor de la entrada, escaneando el perímetro en busca de cualquier rastro de una sombra persistente o el destello de un lente. Buscaba al fotógrafo, a ese ladrón de privacidad, pero la calle estaba inquietantemente inmóvil.
Para cua