Miguel no parpadeó.
—No hay problema, señor.
Unos minutos más tarde, el Range Rover verde se detuvo. Me deslicé en el asiento trasero, apoyando la cabeza contra el cuero frío mientras salíamos por las puertas. Miré por la ventana, viendo cómo la ciudad se despertaba, pero todo lo que veía eran posibles titulares.
Fotógrafo. Fotos. Medios. Escándalo. María.
Los nombres daban vueltas en mi cabeza como un mantra. Unos treinta minutos después, llegamos a la sucursal principal de Rivera, el mon