Tres años después
Elena
—¡Mamá, Leo me quitó mi pala!
—¡Porque ella me echó arena!
—¡Mentira!
—¡Verdad!
—¡Mentira!
—¡Verdad!
Me llevo una mano a la frente mientras observo a mis mellizos discutir en medio de la playa como si estuvieran negociando un tratado internacional.
—Dios mío, son exactamente iguales a ti —musito.
Hero, que permanece recostado a mi lado sobre una enorme manta azul, suelta una carcajada y se quita las gafas de sol.
—Eso es imposible. Yo era un niño encantador.
—Claro que s