Elena
A veces me descubro pensando que el tiempo tiene una forma extraña de aprender a caminar sin pedir permiso. No avisa cuando empieza a arrastrarnos hacia una nueva rutina, simplemente lo hace, y un día te das cuenta de que incluso el dolor ha aprendido a convivir contigo sin hacer tanto ruido. Eso es lo que he visto en Mick y en las gemelas desde que Evelina ya no está físicamente con nosotros, aunque en esta casa nadie se atreve a decirlo en voz alta como si pronunciarlo lo hiciera más r