Elena
Después de recibir la llamada del secuestrador hace unas horas, el eco de las palabras crueles siguen resonando en mi mente. Mi corazón late con miedo. La voz anónima me ha dado un plazo, un plazo que se agota con cada segundo que pasa. ¿Qué haré? El rostro de Evelina, a quien amo más que a nada en el mundo, me atormenta desde que escuché sus gritos. ¿Cómo podría estar tranquila estando ella en tal peligro?
«Todo esto es mi culpa, por casarme con un millonario...», pienso.
Tras secar mis