Por los estrechos y poco iluminados pasillos de salida la habían visto raro... No estaba corriendo como loca, o esa era su propia impresión. En su mente rondaba la idea de que, ante los ojos de todos, ella no sería capaz de contradecir al jefe, de levantarle la voz y mucho menos se atrevería a dejarlo tirado sin aliento por un golpe en su zona pélvica.
«Se lo buscó, cruzó todas las líneas que no debía. Solo me estaba defendiendo», pensó para apaciguar el escándalo de pensamientos en su cabeza.