«¿Cómo es posible que me hayan encontrado? —se cuestionó Danilo—. Necesito tiempo para recuperarme y vienen estas dos escorias a irrumpir la poca paz y cordura que me queda».
Danilo no cabía en su consternación allí desde su lecho convaleciente, estaba tan seguro que la cara de Jenny no era nada agradable de ver al despertar y mucho menos querría verla todas las mañanas, a su parecer ese sería un calvario para el joven millonario.
Danilo aun no salía bien de su estado aturdido, ni siquiera sabí