Comenzamos a caminar despacio, me sentía afortunada, su brazo sosteniéndome me hacía sentir segura, al dar vuelta pude ver a Carlos al final del pasillo, las damas ya habían tomado su lugar, Carlos vestía un traje negro con chaleco gris y corbata igual, su corona era de una plata llena de joyas negras; mi bello lobito, cada paso me acercaba más a él, sus ojos grises me recibieron llenos de anhelo, extendió su mano a mí.
-Sé que la cuidaras- fueron las palabras de Erick al entregarme
- lo hare-