Los árboles pasaban en un borrón a nuestro lado, me sujetaba con toda la fuerza que me era posible; el aire helado tocaba mi cuerpo traspasando el suéter, pero era una sensación increíble. Una sensación de libertad.
A pesar del miedo que me provocaba viajar a tal velocidad y el vacío que se creaba en mi estómago, me sentía segura, con él, algo que solo Carlos podía provocar; está sensación de peligro, terror, protección y amor.
Llegamos a la cima de una montaña, dónde se podía apreciar gran par